Cómo salir de pobre
Hoy quiero escribir sobre un tema sobre el cual ya se ha escrito bastante. Pero el enfoque que quiero darle es un tanto diferente del que ofrecen cataratas de artículos con las mil y una fórmulas para "hacerse rico".
En realidad, no quiero escribir sobre cómo hacerse rico sino cómo salir de pobre, y como consecuencia de este enfoque, las razones que encuentro en la mayoría de nosotros para, generalmente, no lograrlo y, mi humilde aporte para lograr torcer las cosas a nuestro favor.
Primero me referiré a esa amplia comunidad de personas que trabajan en relación de dependencia.
El trabajador en relación de dependencia se ha transformado en un esclavo moderno. Y eso por qué? Porque ese sistema de trabajo ha hecho que una persona dedique la mayor parte de su vida a servir intereses que no son los suyos y, el resto (lo que le sobra de tiempo), a realizar tareas básicas como comer, asearse, orinar, defecar, eventualmente tener algo de sexo y... descansar.
Creo que en el párrafo anterior surge claramente un indicio de lo que podríamos llamar "la madre del borrego". Sí, claramente el problema es que no tenemos tiempo o, que tenemos poco y cuando lo tenemos, ya no tenemos energía para hacer algo por nosotros. Conclusión: dedicamos nuestras vidas a hacer cosas para otros, lo que se parece bastante a la esclavitud, no?
Pues bien, entonces el problema es el tiempo. Por qué no usarlo para nosotros y no para otros?. Muchos dirán: "no se puede, no tenemos capacidad económica", "no es posible remar contra la corriente", "la mayoría trabaja en relación de dependencia, no hay otra forma", etc.
Aunque en parte lo que se afirma es verdad, es cierto también que mucha gente "goza" de la comodidad de una oficina, el "prestigio" de la empresa en la cual trabaja y las ventajas sociales que ello supone. Diferente es la situación de aquel que, siendo independiente, anda por la calle vendiendo sus productos sin el "respaldo" de una "marca registrada".
Es "plata de chipero" se dice en la ciudad donde vivo cuando se trata de poco dinero. Aclaro que el "chipero" es el que vende "la chipa" o "el chipá", que es una especie de pan de fécula de mandioca con queso (muy rico por cierto).
Lo que verdaderamente ocurre es que el chipero gana lo mismo, casi lo mismo o más que un administrativo de cualquier empresa de mi ciudad pero, andar con una canasta con chipa no es tan elegante como ser el secretario de asuntos talescuales, responsable de vayaasaberqué o encargado de queseyoqué.
Ah!, el chipero trabaja solo por la mañana para ganar lo mismo, casi lo mismo o más que un administrativo de cualquier empresa, mientras que ese administrativo trabaja el doble.
Y otra cosa: el chipero no aguanta las cabronadas de un jefe, es liiibreee!!! Si hoy no va a trabajar, no va y listo. No gana el día, pero no se aguanta las caras de culo, ni tiene que ir a conseguir un certificado de un médico que diga que él estuvo enfermo, cuando el que sabe que está enfermo es él y no el médico (pero él es empleado, los empleados son mentirosos, son capaces de cualquier cosa con tal de no trabajar...).
Todo eso, y meternos la dignidad en el bolsillo, es lo que nos hace la relación de dependencia. Lindo, no?
Algo surge de lo antedicho: somos unos forros agrandados que, aunque nos caguemos de hambre, nos seguiremos comprando remeras pedorras con un lagarto, porque es lo que nos han dicho que está bien. Giles... Giles de kevlar (poliparafenileno tereftalamida).
En este punto llegamos a otra "madre del borrego". Somos capaces de pasarla mal con tal de parecer que somos "bien", o "bian" que suena más lindo.
Que nos pasa?, No nos damos cuenta de que somos pobres aunque nos disfracemos todos los días hablando de altas finanzas, política internacional, cotizaciones de monedas y chusmeríos de toda laya? De qué nos sirve que nos digan "Señor Fulano de Tal" si cuando tenemos que comprar una papa hacemos más cálculos que para aterrizar ("jupitizar" o "saturnizar") esos cachivaches espaciales que fabrican los primos del norte?
Somos de seso tan corto que si tenemos que hacer sentir inferior a una mujer le decimos que está de novia con el verdulero. El verdulero es un empresario, de su negocio y, lo que más importante, de su vida. El maneja su vida, decide por él. Ah!... pero se ensucia las manos para embolsar papas y, a veces, hasta transpira...
Me cache en die!.
Me cache en die!.
Bien, como ésto trata sobre cómo salir de pobre, ésta es la fórmula (ta-tan... ta-tan...):
Bajar del satélite de huevadas en que vivimos, dejar de pensar en cambiar el LCD por el LED, comprar un Galaxy Ñ, X o Z, etc y laburar, ahorrar, invertir, y luego seguir laburando, ahorrando, invirtiendo... hasta lograr la independencia.
Esta simple fórmula es más importante que la Special Relativity Theory (que lindo suena en inglés, che...). Se trata de meterse en la cabeza: primero, que somos pobres; segundo, que queremos dejar de serlo, tercero que podemos hacerlo, cuarto... no hay cuarto.
A continuación, debemos ver el mundo desde la óptica del empresario (es lo que queremos ser): no gastar en tonterías (ni Play Station, ni ropa cara, ni tres pares de zapatos); economía de guerra, ahorro e inversión en un negocio que nos saque de la esclavitud.
Evitar todas las tentaciones (il diabolo): "llame ya", "mandá queso al 2020", "comprá la juguera que te mezcla manzanas con perejil, peras con morrones, con tronco, carozos, cáscaras (y te deja el hígado como cartón corrugado)", el último recital de Chantín Vivo o el Canal Premium que te deja los ojos como huevo frito de tanto mirar películas y hacerte la ... (Venus).
El auto es un capítulo aparte. El que no lo tiene es simplemente un: (música de fondo de Batman) P E L O T U D O. No?
Aunque gastés más que lo que gasta Paris Hilton en anticonceptivos, no te bajés del auto porque es un garrón. Perdés a morir. Loser, loser to much.
En mi opinión, es preferible adoptar un grado de escuela completo, con la maestra incluída, que (man)tener un auto.
Lo que sigue (en negrita) se puede saltear. Solo expresa opiniones y, probablemente prejuicios.
Hay dos clases de autos: los nuevos y los viejos.
El pobre con humos compra uno nuevo, financiado en setenta mil cuotas.
El pobre con humos pero sin crédito compra un auto usado.
El pobre sin humos es una especie en extinción, si es tu caso, sos de los que pueden salvarse y tal vez este artículo te sirva.
- El auto nuevo siempre anda pero cada repuesto cuesta un huevo (de avestruz). Entonces ves que el conductor lo maneja como un Airbus 380, cuidando de no pisar el bache, cruzando el badén a 1/2 kilómetro por hora, jamás lo saca el día de lluvia (cuando sería realmente útil) y gasta dinerales en lavado, engrase y cambios de aceite como para hacer trescientos mil quilómetros cuando por lo general su promedio diario no pasa de cuatro.
- El auto viejo... es viejo. Se rompe a cada rato. Los repuestos hay que buscarlos en desarmaderos. Generalmente el conductor está negro de grasa, tiene olor a nafta y vive cansado de empujar.
- El combustible es el otro tema. El tanque tiene desde la mitad para arriba viviendo una familia de arañas adictas. Para evitar consumos excesivos, el conductor maneja el pedal del acelerador con la precisión de un médico cirujano, logrando acelerar de uno a cien en tres horas y quince minutos, entorpeciendo el tránsito y estimulando la imaginación de los puteadores compulsivos. De más está decir que los conductores de ambos viven con olor a chivo: el del auto nuevo, porque no quiere usar el aire para no gastar, el otro porque no le funciona o no tiene.
Conclusión: el auto NO es para pobres. Solo sirve para empobrecerlos más. Primero hay que crear una fuente de ingresos y luego comprarse el auto. Solo así se lo puede disfrutar sin tener que buscar la calculadora cada vez que vamos a cruzar una estación de peaje, por ejemplo.
Luego de esta digresión, vuelvo al tema. Cómo salir.
Luego de esta digresión, vuelvo al tema. Cómo salir.
Si uno ahorra, en Pesos, se pierde valor por la inflación, todos lo sabemos. Pero también es cierto que si esos pesos los gastamos en cerveza, desaparecen. Por lo tanto, a menos que nuestra capacidad de ahorro sea muy pequeña, en cuyo caso tendríamos que buscarle otra vuelta (como trabajo extra, pelear por un aumento de sueldo, etc.), siempre es preferible guardar algo, que, aún con cierta desvalorización sirve para comprar una máquina, herramientas, materias primas.
No es raro escuchar a economistas (economistas?) que hablan de que para ganarle a la inflación hay que comprar cosas (por ejemplo, un auto) o hacer un viaje. No nos hablan a nosotros. Les hablan a los que ya tienen y no saben que hacer con lo que les sobra. NO HAY QUE HACERLES CASO! Hay que ahorrar como se pueda y comprar solo lo que se debe, es decir, aquéllo realmente útil y necesario para levantar la cabeza.
Obviamente, antes de empezar a ahorrar (aunque al ahorro no le importe en que va a ser usado) es lógico saber en que vamos a invertir ese dinero, con la finalidad de diagramar un plan de prioridades y por sobre todo saber si vamos a poder alcanzar nuestro objetivo.
Si nos proponemos metas modestas, seguramente podremos llegar. Un negocio familiar es posible. Una actividad artesanal también. Una pequeña industria puede ser un gran reto y debe pensarse a mayor plazo, pero con paciencia y constancia no hay nada que no pueda realizarse (a menos que sea algo muy loco).
Acá me detengo porque, aunque parezca todo muy gracioso y la receta muy obvia, mi experiencia personal me ha hecho ver que lo que parece obvio, a veces no lo es tanto.
Yo soy de los que trabajan en relación de dependencia desde toda la vida. He mezclado con mi trabajo dependiente pequeños intentos de salirme de ser empleado y tener mi propio emprendimiento. Luché vendiendo cosas al salir de mis trabajos, intenté con un quiosco, etc.
En la actualidad trabajo en una empresa de transportes de cargas generales como responsable de la informática, y de cómo llegué a ella (la informática) es otra historia que algún día contaré, pero lo que quiero decir es que no siempre hice esto, y que antes pasé por varios lugares tratando de lograr avanzar (por ello hablo de esclavitud cuando me refiero a la relación de dependencia).
De entre los trabajos que hice, uno fue el de viajar por un corto tiempo vendiendo harina en granel (en bolsas de 50Kg) y ahí conocí de cerca la industria del pan. Fue en ese momento, hace ya muchos años, que decidí que, algún día, si se daba, armaría mi propia industria panadera.
Por muchos años este sueño fue solo eso. Pero desde hace ya algunos empecé por comprar un horno, para lo cual tuve que ahorrar (perdiendo plata), luego mandar a hacer un local pequeño (solo paredes y techo). Un año me costo revocar las cuatro paredes, trabajando fines de semana, comprando cemento y cal de a una bolsa por vez, con frío en invierno y unos calores sofocantes en verano (esto es Misiones). Luego revestí las paredes con cerámica hasta los dos metros, como exigen las normas. Hice instalar el horno (yo agujereé el techo y coloqué las chimeneas, que son dos). Hice la instalación de agua. Me falta el piso, la electricidad y el cielorraso, y sigo peleando.
Todo lo que hice lo hice con mi mujer que me acompañó y se bancó el ahorrar, no salir de vacaciones, juntar peso sobre peso y verme trabajar de albañil cuando jamás antes había agarrado una cuchara, ni tenía la más mínima idea sobre cómo hacer revoque. Pienso colocar el piso y el cielorraso yo mismo.
He comprado una amasadora y una sobadora y me faltan muchas cosas, pero pienso llegar. No soy joven, ni gano mucho. No soy un ejemplo de nada porque soy mas común que el agua y la tierra. Pero yo quiero salir. Quiero ser libre.
Creo firmemente que se puede salir de pobre, aunque en mi caso solo se trate de lograr jubilarme con algo más que un magro ingreso. Y poder ayudar a quienes siempre quise y no pude. Para eso quiero mi panadería.
Yo empecé tarde. Pero vale para todos. Tarde o temprano se puede. Hay que intentarlo.
Y como dije antes, lo que parece obvio no lo es tanto. Por qué? Porque uno de los motivos del fracaso es que no creemos en nosotros, ni en otros como nosotros. Los pobres detestan a los pobres más que lo que los detestan los ricos. Hay razones obvias: nadie quiere ser pobre, por ejemplo.
Cuando uno inicia el viaje de salida (de la pobreza), muchos te miran de reojo. Si eso no te deprime o te intimida, te dicen: vos?... panadería?... y vos que sabés de panadería?... Si con eso no lo logran, te dicen: no te parece que no vale la pena, con lo que te queda... para qué?... y si no funciona?... y si mañana se acaba el mundo?... y si un tsunami (en Misiones?) se lleva tu local?... Eh!...
Yo siempre contesto: para qué? para ser libre. Estoy harto de ser esclavo. Esclavo de las paritarias, del aguinaldo, de fin de mes, de las vacaciones, de lo remunerativo y lo no remunerativo, de la retención de ganancias, de que a mí no y a otro sí, etc. El puterío del trabajo en relación de dependencia nunca me gustó. Aunque no sirva para empresario, voy a serlo. Los hay peores que yo, estoy seguro.
Me reservé para el final decir que mi edad es de cincuenta y siete años. Lo dejé para lo último para que quien me lea, sepa que se puede, porque casi con seguridad a mí me queda menos tiempo que a él y aún así lo voy a lograr. Lo estoy logrando.
Por último y muy importante, solo dos cosas:
el fracaso siempre es posible, pero el intento vale la pena y,
si se logra llegar, no olvidar desde dónde se partió.
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